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El dinero efectivo desaparecerá en Suecia

Pocos países han ido desplazando el dinero en efectivo de una forma tan acelerada como Suecia. De hecho, el efectivo está siendo eliminado tan rápido —la mitad de los comerciantes del país predice que dejará de aceptar billetes antes de 2025— que el gobierno ha tenido que recalcular los costos sociales de un futuro sin efectivo.

Las autoridades financieras que antes acogieron la tendencia ahora le han solicitado a los bancos que vendan billetes y monedas hasta que el gobierno determine las implicaciones para los consumidores jóvenes y viejos de no contar con efectivo. El banco central predice que el efectivo desaparecerá de Suecia y ha estado probando una moneda digital —la e-krona, o corona electrónica— para mantener un control firme en el suministro de dinero. Los legisladores están estudiando qué pasará con los pagos en línea y las cuentas bancarias si falla alguna red eléctrica o los servidores se entorpecen por averías eléctricas, piratas informáticos o incluso una guerra.



“En la posición en la que estamos, no sería adecuado quedarnos con los brazos cruzados sin hacer nada para solo notar a la distancia que el dinero en efectivo ha desaparecido”, dijo Stefan Ingves, gobernador del banco central sueco, conocido como Riksbank. “No se puede regresar en el tiempo, pero es necesario encontrar una manera de enfrentar el cambio”.

Si le preguntas a la mayoría de los suecos con qué frecuencia paga en efectivo, la respuesta es: “Casi nunca”. Una quinta parte de la población, en un país de diez millones de personas, ya no usa cajeros automáticos. Más de cuatro mil suecos se han implantado microchips en las manos que les permiten pagar los trayectos en tren y alimentos o entrar a oficinas que no utilizan llave. Para los restaurantes, los autobuses, los estacionamientos e incluso los sanitarios de paga se usan teclas mucho más seguido que monedas.

Ciertos grupos de defensa del consumidor afirman que este cambio deja en desventaja a muchos jubilados —una tercera parte de los suecos tiene 55 años o más—, así como a algunos inmigrantes y personas con alguna discapacidad. No pueden tener fácil acceso a los medios electrónicos para adquirir ciertas mercancías o hacer transacciones, y dependen de los bancos y sus servicios al cliente.

“Alrededor de un millón de personas no se siente cómoda al usar una computadora o iPad o iPhone para sus asuntos bancarios”, dijo Christina Tallberg, de 75 años y presidenta de la Organización Nacional de Jubilados Suecos. “No estamos en contra del movimiento digital, solo creemos que ha avanzado con demasiada rapidez”.

Además, el avance hacia una sociedad que no emplee dinero en efectivo podría afectar el papel de garante que ha tenido el Estado durante siglos: los bancos comerciales ejercerían mayor control.

“Tenemos que detenernos a pensar si esto es bueno o malo y no solo dejar que suceda sin hacer nada”, señaló Mats Dillén, director del comité parlamentario que estudia el tema.

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