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¿Mark Zuckerberg debe abandonar Facebook?

Esto se ajusta a un patrón. A lo largo de las últimas dos décadas, las empresas tecnológicas más grandes han creado un sistema en el que los ejecutivos sufren pocas consecuencias personales o financieras por sus errores. Las grandes compañías del sector tecnológico han convertido a los fundadores en elementos fijos: cuando sus corporaciones funcionan bien, se quedan con todo el crédito, y cuando les va mal son los únicos héroes que pueden arreglarlo todo.

Hay otra manera de decirlo: para bien o para mal, Zuckerberg se ha vuelto demasiado grande para fallar.

En Estados Unidos, no es poco usual que los ejecutivos no reciban castigo alguno por cómo dirigen sus corporaciones (por ejemplo, Wall Street después de la crisis financiera de 2008).

Incluso en Silicon Valley, donde los fundadores de las empresas son venerados como unicornios fantásticos que son generadores de dinero, la paciencia corporativa tiene sus límites. En la década de los ochenta, Apple despidió a Steve Jobs. El año pasado, Uber hizo lo mismo con Travis Kalanick, que estaba tan alineado con la cultura de su compañía como Zuckerberg lo está con la suya.

Los problemas de Facebook no han llegado al nivel de anarquía que vimos en Uber, pero han tenido muchas más consecuencias. Además de la filtración, Facebook ha estado involucrado en la desintegración mundial de la democracia, entre otros casos, por su papel como portador de la desinformación rusa durante la elección presidencial estadounidense en 2016.

Los investigadores de las Naciones Unidas han dicho que Facebook fue fundamental para el genocidio en Birmania; también se ha vinculado con la violencia en India, Sudán del Sur y Sri Lanka. Ha habido escándalos de privacidad (el más reciente de Cambridge Analytica), escándalos publicitarios (anuncios discriminatorios, parámetros sospechosos), varias investigaciones federales en curso y el reconocimiento de que usar Facebook puede afectar tu salud mental.

Hace unas semanas, después de que Facebook reveló que decenas de millones de cuentas de sus usuarios habían estado expuestas a causa de una falla de seguridad, comencé a preguntarle a la gente dentro y fuera de la industria de la tecnología: ¿Mark Zuckerberg debería seguir al frente de Facebook?

Les ahorraré el suspenso. Casi todos dijeron que Zuckerberg aún era el hombre adecuado para ese trabajo, quizá el único. Entre quienes respondieron se incluyen a personas que trabajan en Facebook, exempleados de la empresa, analistas financieros, inversionistas de capital de riesgo, activistas escépticos de la tecnología, críticos fervientes de la compañía y sus simpatizantes más enérgicos.

Según el consenso: aunque Zuckerberg —como fundador, director ejecutivo, presidente y accionista más poderoso de la red social— cargue con gran parte de la responsabilidad por los catastróficos sucesos recientes de la empresa, solo él tiene el nivel para solucionarlos. 

Más de uno de sus simpatizantes me dijo que incluso era malicioso abordar el tema: que Zuckerberg era tan evidentemente indispensable que la única razón que podría tener para preguntar si debería seguir a la cabeza de la compañía eran los clics que obtendría con este artículo. No obstante, incluso sus críticos se opusieron a la idea de que Zuckerberg deje su puesto. Barry Lynn, director ejecutivo del Open Markets Institute, una organización que combate el poder monopólico, argumentó que los problemas de Facebook se originaron en su modelo de negocio y el vacío legal y regulatorio en el que ha operado, no en el hombre que dirige la empresa.

“Para ser franco, si quitáramos a Mark Zuckerberg y lo remplazáramos con Mahatma Gandhi, no creo que la corporación cambiaría de ninguna manera significativa”, comentó Lynn.

Que pocos puedan imaginar un Facebook sin Zuckerberg, de 34 años, enfatiza a qué nivel nuestras compañías tecnológicas más grandes ya no están obligadas a rendir cuentas. Gracias a su propio ímpetu y genialidad, Zuckerberg se ha convertido en uno de los líderes no electos más poderosos del mundo. Como una petrolera errante o una empresa de alimentos que abusa del azúcar, Facebook toma decisiones que provocan consecuencias enormes en la sociedad y ha lucrado enormemente con el caos.

Sin embargo, debido a la estructura de titularidad de la red social —en la que las acciones de Zuckerberg tienen diez veces más poder de votación que las acciones ordinarias— es omnipotente y casi no le rinde cuentas a nadie.

Aunque Zuckerberg se ha disculpado y ha prometido una y otra vez solucionar los problemas de Facebook, los arreglos de la compañía a menudo necesitan soluciones también. Durante la semana pasada, los reporteros mostraron que la decisión reciente de la empresa de ir tras los anuncios políticos no ha funcionado (Vice News compró anuncios en Facebook que declaró falsamente que “los había pagado” el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y el Estado Islámico).

Así que dadas esas fallas, otra pregunta podría ser: ¿por qué nadie ha resultado castigado en Facebook? Aunque ha habido algunas deserciones de alto perfil —los cofundadores de WhatsApp, Instagram y Oculus, compañías que compró la red social, se fueron en el último par de meses—, los ejecutivos más leales a Zuckerberg han estado con él en las buenas y en las malas, muchos durante más de una década.

Si Facebook admite ahora que sus problemas fueron causados por una cultura que se movió con demasiada velocidad y era demasiado idealista, y si ahora concede que su cultura debe cambiar, ¿cómo podemos estar seguros de que eso sucederá si la mayoría de las personas que dirigen la plataforma siguen siendo las mismas?

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